viernes, 25 de septiembre de 2015

Leucemia: Un agresivo cáncer que afecta al sistema inmunológico, conoce sus primeros síntomas

Puede clasificarse en dos grandes tipos: Linfoide y Mieloide. La primera es más común en niños y la segunda, en adultos.

La leucemia es un tipo de cáncer bastante devastador, porque afecta a los principales tipos celulares que forman parte del sistema inmunológico de todo ser humano. Se cree que esta afección es idiopática (de causas desconocidas).

Sin embargo, puede ser causada por algunos tipos de virus,  por la exposición a radiaciones ionizantes o a fármacos quimioterapéuticos.

Tipos de leucemia

Existen dos tipos de Leucemia: Linfoide y Mieloide. La primera, como su nombre lo indica, afecta a los precursores de los linfocitos (linfoblastos) que se encuentran en la médula ósea.

En este tipo de leucemia, las células cancerígenas se reproducen a una velocidad muy acelerada, y terminan por sustituir a las células sanas de la médula ósea. Es uno de los tipos de cáncer más común en niños, aunque los adultos también pueden padecerla, sobre todo aquellos que ya alcanzaron la edad madura.

Los síntomas de esta afección incluyen fiebre, sudoración, escasa o nula resistencia a infecciones, anemia y hepatoesplenomegalia (agrandamiento de hígado y bazo).
También puede trombocitopenia (plaquetas bajas), lo que hace que el paciente sea susceptible a sufrir hemorragias.

El tratamiento se basa en la aplicación de fármacos quimioterapéuticos, radiación y antibióticos. Este tipo de cáncer es muy grave y agresivo, que si no se trata con rapidez y efectividad, su pronóstico es fatal.


El segundo tipo de Leucemia es el mieloide, y afecta a los granulocitos (un tipo de leucocitos diferente a los linfocitos).

En esta variación, la médula ósea es invadida por células cancerígenas que afectan su funcionamiento ideal y por ende, impide la producción estándar de glóbulos rojos,  plaquetas y leucocitos normales.

Es mucho más común en adultos, y el riesgo de padecerla va aumentando con la edad. Los signos y síntomas típicos son: anemia, dificultad respiratoria, aparición de hematomas, problemas de coagulación y palpitaciones.

El tratamiento consiste en realizar tranfusiones sanguíneas para subir el conteo plaquetario. Luego, el paciente es sometido a quimioterapia y, dependiendo del caso, podría ser necesario un trasplante de médula ósea.

Puede ser fatal si no se trata rápidamente, pero es potencialmente curable. De igual forma, las probabilidades de recaída son importantes, así que se sugiere un control oncológico periódico.


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